Miércoles 25 de agosto del 2010 Babahoyo - Los Ríos
No. 8599
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Artículos

Los mismos de siempre
Por Manuel Moreno Mora

A lo largo de la historia, desde que tengo uso de razón, los dirigentes obreros, barriales, deportivos, artesanales y de otras artes u oficios han sido los mismos y no ha habido Ley que regule este atropello a la capacidad y al derecho de igualdad, pregonado en la Constitución, para todos los ecuatorianos y ecuatorianas. La CEDOC (Confederación Ecuatoriana de Organizaciones de Obreros Católicos), nacida con el apoyo de la iglesia en 1938, divida luego a CEDOC-CLAT, por injerencia de la Democracia Cristiana, la CEDOC socialista o CEDOCUT y luego la CTE, Confederación de Trabajadores del Ecuador, fundada en 1944 como ala del Partido Comunista, así como la CEOSL que nació en 1962, han tenido en sus filas, por años de años, a los mismos dirigentes. Aún suenan los Durán, Chávez, Arciniega, Ponce y otros que no vale la pena nombrarlos. Salvaría a la UNE, porque demuestra que ha habido renovación, en claro ejemplo de tener una escuela de cuadros políticos dirigenciales que van oxigenando ese espacio de liderazgo. Ese vicio copiado a lo largo y ancho del Ecuador, debería ser desterrado por alguna Ley. Si la Constitución permite la reelección, de Presidente, Vicepresidente, Prefectos y alcaldes, por una sola vez, pues lo mismo debería aplicarse en las organizaciones sociales, culturales, barriales, deportivas, sindicales y clasistas. No es posible que un Secretario General, un Presidente, o llámese como se llame, se perpetúe 10, 20 ó 30 años al frente de una masa de obreros o empleados, con el cuento que viven en Quito y que es más difícil para los de provincias ejercer la dirigencia, puesto que allá se hacen todos los trámites. Eso ya terminó o está por terminar con la cacareada descentralización. Sería bueno que el país conozca cuanto aporta cada empleado, cada obrero, cada socio a sus “centrales sindicales” y cómo se ha usado esos dineros. No por puro gusto y corazón se pelean estar a la cabeza. Viajes de adoctrinamiento con viáticos, congresos, asambleas, pagados todo con los aportes debe ser lo que los mueve a pelear como gatos en saquillo el máximo sitio dirigencial. En lo deportivo pasa algo similar. Ahora los dirigentes de clubes son representantes ante la Federación que los cobija, entran al juego de las elecciones y se convierten en comensales, esperando alguno que otro torneo para justificar su puesto. La ausencia de verdaderos dirigentes que no brillen por su figura sino por su acción en bien del deporte es notoria. Mi admiración y respeto a don Leonardo Caravedo Barco, verdadero dirigente, con amor al fútbol, nunca necesitó ser presidente del club que ayudó a fundar, el “Juvenil”. Él desde afuera, como técnico, pedía ayuda económica para uniformes y logística, caminaba calle a calle a ver partidos de indoor y escogía a sus jugadores, se alió a hombres amantes del deporte como Antonio Pozo (+), José Armendáriz, Alejandro Viteri, Pedro Ospina y otras personalidades del deporte. Murió pobre, sin cargo, pero con el respeto y el dolor de quienes lo conocimos. Fue digno hasta para morir, se apertrechó en la casa de su único hijo y no pidió nada a nadie, murió aceptando el fin de su vida. Cristóbal Vaca, Freddy Zambrano, Jaime Tapia y otras personas similares, merecen ser considerados ejemplos de dirigentes con amor y buena voluntad al servicio del deporte. Sirvieron al deporte, no se sirvieron del deporte. Ahora, aquellos dirigentes avaros, en una elección hasta votan por sí mismo, ofrecen fiestas, comidas, agasajos y reparten puestos para perennizarse. Personalmente pienso que perpetuarse en un cargo dirigencial es una ofensa a la capacidad del prójimo, a la evolución de la juventud y a los cambios de nuestra sociedad que necesita renovarse constantemente y nutrirse de nuevos elementos con ideas nuevas, con proyectos sustentables y, sobre todo, con respeto a sí mismo y a su familia.

 
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