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Artículos

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Aprender a aprender,
aprender a pensar Roberto Briones Jiménez
rbriones57@gmail.com
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En algunos sectores de Colombia, el lenguaje coloquial llama jubilado a la persona que comete locuras, aunque en lenguaje formal el jubilado es aquel empleado o funcionario que queda eximido de seguir trabajando debido a que ha cumplido ciertas condiciones de edad y aportaciones a la seguridad social.
Los colombianos suelen decir “este man está jubilado” que equivale al “este man está loco” que usamos los ecuatorianos cuando queremos señalar que alguien ejecuta acciones un poco salidas de la cordura.
Y hablando de la jubilación, todas las personas que trabajan, y durante años entregan su tiempo y su capacidad al servicio público o privado, aspiran legítimamente a una jubilación digna. Este es el caso de los profesores fiscales.
Yo he expresado públicamente mi simpatía por la “Revolución Ciudadana” que lleva adelante el Gobierno del presidente Correa, pero, como es obvio, mantengo intacta mi capacidad de discrepar y expresar aquello con lo que no concuerdo.
Y, justamente, lo planteado en el tema de la jubilación a los profesores, me parece inadecuado porque no se le hace justicia a quienes por tantos años han entregado parte de su vida en las aulas.
El Decreto 1127 rechazado por los maestros, señala que el máximo a recibir es de 24.000 dólares siempre y cuando el maestro jubilado tenga más de 80 años y 40 años de servicio.
Cuando se llega a los 80 años, mucho más en esta época, los achaques ya no permiten un pleno disfrute de la vida física. Además, los 24.000 dólares de hoy, ya no tienen el mismo poder adquisitivo de hace doce meses. ¿Qué tal si en lugar de 24.000 se entregan 30.000?.
En esa tabla se enuncian cantidades menores, de acuerdo como descienden las edades y los años de servicio de los maestros, hasta un mínimo de 12.000 dólares para aquellos que tienen 60 años de edad y 30 años de servicio.
Si el Gobierno pusiera un componente muy humano y rectificara esta cifra, y en su lugar dijera que el tope mínimo es 16.000, creo que la recepción del Magisterio sería más serena.
Creo que mientras estamos vivos, hay tiempo para las rectificaciones.
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